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CONVERSACIONES DE PASILLO | “Es importante que la gente baile en la casa, que se baile en los cumpleaños, que se baile en las fiestas”

Alejandro Cervera, , coreógrafo de PUEDES BAILAR 2026

En esta edición 2026, el reconocido coreógrafo y director argentino Alejandro Cervera llega al sur de Chile para poner en diálogo la potente tradición de la danza contemporánea trasandina con la energía, la curiosidad y la frescura de los jóvenes de nuestro territorio.

En esta conversación de pasillo, Alejandro nos habla sobre la magia de trabajar con niñas, niños y adolescentes, el poder de la danza como un puente de socialización y por qué —en un mundo cada vez más veloz y digitalizado— reconectar con el cuerpo, movernos y bailar en el día a día es hoy más urgente y necesario que nunca.

Argentina tiene una tradición muy potente en danza contemporánea y formación artística. ¿Qué crees que puede ocurrir cuando esa mirada se encuentra con jóvenes del sur de Chile y con un territorio como el nuestro?

Mi formación artística empezó desde muy chico. Yo empecé estudiando música, tocando el piano, frecuentando compositores clásicos que me han acompañado toda mi vida. Luego ingresé en la danza y, junto con la danza, rápidamente me hice coreógrafo.

Esta experiencia en Chile, en Frutillar, en ese teatro maravilloso, me puso en contacto con una realidad a la cual yo no estoy acostumbrado: el trabajo con niños y el trabajo con adolescentes. Los niños tienen una sensibilidad muy particular, que no tiene que ver con ninguna intelectualidad, sino que hay un contacto directo con las imágenes que uno puede proponerles. Como por ejemplo: vamos a estar abajo del agua, vamos a estar nadando, vamos a estar enfrentando la belleza de la luz, la belleza del cielo, vamos a estar mirando cómo las plantas crecen de adentro de la tierra. Y esto cae en ellos de una manera muy particular; con una frescura, con una ingenuidad, pero también con una gran profundidad.

Muchas veces la danza se percibe como algo lejano o reservado para ciertos espacios. ¿Cómo trabajas para que niños, niñas y jóvenes sientan que el movimiento también puede ser una forma propia de expresión y pertenencia?

Lo que nosotros estamos trabajando con ellos se va a ir ensayando, se va a ir perfeccionando. ¿Qué quiere decir que las cosas salgan bien? Quiere decir que se ajusten, más o menos, a la idea que tratamos de pasarle a estos intérpretes. Y por otro lado, también la idea de que estos niños intérpretes sean felices al momento de hacerlo; pero no solamente porque sean felices en el sentido de que estén contentos, que se sientan felices.

Ahí empieza una magia que es que, realmente, cuando uno está en el escenario y mira hacia la platea no ve nada, pero uno sabe que los demás están, ¿no? Uno sabe que está el público, que está la mamá, el papá, los amigos, los tíos, los primos, toda la gente que los fue a ver. Entonces también aparece eso como un ingrediente: la felicidad de poder compartir esta situación tan particular que se da en el teatro, sea la danza, la música, la ópera o el teatro de prosa.

En programas como Puedes Bailar, el impacto no siempre está solo en lo técnico. ¿Qué transformaciones humanas o emocionales has visto aparecer en procesos colectivos de danza?

Yo creo que, en este programa, lo técnico ocupa un espacio, pero que lo comparte con otras muchas cosas. Por otro lado, es como una gran exploración en la emoción; es una gran exploración en la sensibilidad y también es un ejercicio de socialización, de encuentro, de poder compartir con los otros.

Creo que todo este trabajo, estas transformaciones, se van a ir dando en todo el año, a medida que el trabajo se vaya afianzando en los cuerpos, en las almas, en la técnica, en la imagen. En todo eso que, a fin de año, nos vamos a encontrar con el producto más o menos terminado.

Hoy vivimos en un mundo cada vez más acelerado y digital. ¿Qué lugar ocupa el cuerpo, el movimiento y la presencia física en la formación de jóvenes artistas y personas?

Hoy el mundo de lo digital, el mundo de la velocidad, el mundo de la imagen, el mundo de la información instantánea, nos lleva también a una especie de quietud, por así decirlo. Los que usamos mucho los teléfonos—yo soy uno de ellos—podemos no hacer nada y estar prácticamente todo el día informados, haciendo los trabajos, grabando una entrevista como yo estoy haciendo en este momento, sin moverme del sillón, de la silla o de la cama. O sea, estando muy, muy tranquilos.

Creo que el cuerpo, la danza, los deportes, el arte que involucra el cuerpo, tiene un camino donde, a la larga, la gente va a volver a eso. La gente va a volver al movimiento, como la gente va a volver a los libros también; y creo que va a volver al cuerpo de distintas maneras.

Es importante que la gente baile en la casa, que se baile en los cumpleaños, que se baile en las fiestas, que nos bailemos, que nos movamos aunque seamos más viejos, aunque seamos muy chiquitos. Es muy importante que el cuerpo esté activo.

¿Qué te gustaría que los participantes de Puedes Bailar recuerden o se lleven consigo después de esta experiencia en Teatro del Lago?

Estos niños, estos jóvenes, se van a llevar un recuerdo impresionante de su paso por este programa. Creo que es algo que está lleno de elementos que a ellos los van a acompañar toda la vida. Porque además estoy pensando—más allá de lo que ellos hagan, aprendan, de la experiencia concreta—también el hecho de verse todos los días, como en la escuela, genera vínculos humanos. Y la experiencia artística compartida es una experiencia muy fuerte porque tiene que ver con la sensibilidad, tiene que ver con el cuerpo y tiene que ver con la presencia muy cercana del otro. Cuando un chico hace una ronda, siente la mano de su compañero, siente la fuerza del grupo y siente también la fuerza del espacio, la fuerza del ritmo, la fuerza de la música, ¿no? Y esa vivencia tan potente lo va a acompañar siempre.

Y ojalá que no solamente lo acompañe, sino que sea un motor en su vida, ¿no? Aunque luego se haga otra cosa; aunque sea, quizás sea ingeniero, o diseñador de modas o lo que sea, o médica o vendedora de kuchen, no importa. Pero esa experiencia—esa experiencia de la danza mancomunada, presente, diaria, con sus compañeros y compañeros—lo va a acompañar siempre y va a ser un gran tesoro.